La cueva de las manos

¿Conoces la historia de la cueva de las manos?

La cueva de las manos es una cueva situada en Argentina, cerca del río pinturas.

La cueva de las manos

Las inscripciones más antiguas que se han encontrado en su interior datan del año 7350 a. C. y se considera una de las expresiones artísticas más antiguas de los pueblos sudamericanos, además de ser Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).

¿Por qué te cuento esto? Porque esta es una de las cuevas del mundo donde se pueden ver mayor número de huellas plasmadas en la pared. Los investigadores han determinado que estas huellas no fueron pintadas sobre la roca sino estarcidas sobre la piedra, que significa que ponían la mano sobre la superficie de la cueva y la cubrían con pintura y pigmentos naturales.

¿Hubo tantos habitantes como huellas se conservan? ¿Se trataba de un ritual? ¿Eran conscientes hace más de 7000 años antes de cristo del concepto “humanidad” y la repercusión que tendrían siglos después sus huellas sobre la roca?

Los expertos no se aventuran a dar una conclusión ni una respuesta a estas cuestiones, pero lo que sí que podemos afirmar es que hace miles de años alguien habitó en ese agujero dentro de la tierra en un cañadón del río Pinturas en Argentina y plasmó su existencia en la piedra, comunicaron su paso por la tierra y gracias a ello hoy podemos saber que existieron y que quisieron transmitir de algún modo su mensaje.

Dejar huella en el mundo es una de las mayores inquietudes de la humanidad, dejar algo para la posteridad, haber sido útil y ser recordado por tus buen hacer. Digamos que es sino la mayor motivación, una de las principales de los seres humanos para continuar evolucionando.

Hace unos meses, en uno de los talleres de “Wild Tellers” un alumno me preguntó el por qué un mensaje hablado, sin registro alguno, consigue sin embargo condicionar la huella que dejamos en los que nos rodean.

Entonces comencé a explicarles lo que hoy quiero transmitir en este post.

Los seres humanos necesitamos comunicar. Nos distingue de otros seres vivos nuestra necesidad por entender y ser entendidos. Hasta el hombre más arisco y aislado necesita en un momento dado de la comunicación para acceder a servicios mínimos que garanticen su bienestar, y si no pudiera hacerlo con otro ser humano, lo haría con animales, plantas o iconos (como sus creencias religiosas o ancestros).

Ahora vivimos en una época en la que parece que hay constancia de todo lo que hacemos, sentimos e investigamos. Soy consciente de que mientras escribo y publico estas palabras, algún motor de búsqueda venderá a alguna marca mis intereses basados en mis letras. Somos hijos de este tiempo. Pero aún así, y como bien apuntaba mi alumno, todavía hay muchos mensajes que se transmiten y no se registran en soporte alguno, pero sí que se plasman en nuestra memoria y condicionan la reacción que mostramos ante el emisor.

Bienvenidos a la huella del mensaje.

Todos dejamos una. Al igual que una búsqueda en Internet deja su rastro. Nosotros, con nuestras miradas perdidas, nuestros tartamudeos o nuestra mirada firme estamos comunicando y provocando en el medio y en los receptores una clara reacción, estamos definiendo nuestra huella.

¿Por qué es tan importante las fotos que se publican de los políticos, diplomáticos o famosos?

Porque hasta una imagen con un bote de refresco en la mano podría suponer una repercusión vital en la huella que quieren dejar. Ellos son conscientes de esto y por eso muy pocas veces verás una fotografía o un discurso en el que su imagen y sus palabras no hayan sido elegidas de forma premeditada.

Comunicar, aunque el canal del mensaje sea el aire, es transmitir y por tanto plasmar tu huella en el mundo.

¿Cuántas veces un grupo de gente se han creído que eras más tímido o extrovertido por tus fotos en una red social o por como te comportaste en una fiesta?

“Ay yo te hacía menos abierto, como siempre estás tan callado…”

Estamos comunicando incluso cuando no abrimos la boca, somos cuerpos parlantes en constante socialización.

Esto puede generar ansiedad, pero al igual que eliges la ropa que te pones en base a la imagen que quieres causar, también puedes corregir la forma en la que te comunicas para llegar a provocar la huella que tú deseas dejar.

Además, estás de suerte, vivimos en la era de las mini pantallas y muy pocos receptores están dispuestos a despegar sus ojos del contenido digital para leer el mensaje que tu cuerpo y tu voz están dispuestos a transmitir.

¿Cómo ser más fuertes que un contenido viral en una pantalla de un móvil? ¿Qué es necesario para lograr ser leído y recibido por un receptor que no es consciente de su papel en la comunicación?

Lo iremos descubriendo poco a poco, bienvenido a la recuperación de lo salvaje, bienvenido a la comunicación humana.

¿Estás preparado para escuchar tu “yo” más salvaje?

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